“Spanglish” es el título de una comedia de 2005 con Adam Sandler (John), Tea Leoni (Deborah) y la española Paz Vega (en el papel de la mexicana Flor), en la que, en síntesis, los personajes se entienden más allá del idioma. Según la productora ejecutiva de esta película repleta de dificultades lingüísticas entre el matrimonio estadounidense y el ama de llaves de origen latino, “La palabra ‘Spanglish’ es una metáfora sobre la colisión de culturas dentro de esta casa. También es una metáfora sobre las limitaciones generales del lenguaje. Hasta cierto punto, tanto si hablamos o no la misma lengua, siempre estamos interpretando el comportamiento del otro”. El director y guionista destaca: “Las diferencias culturales en nuestra sociedad heterogénea pueden ser profundas. Pero con Flor y John, lo que son profundas son las similitudes”.
Este es un caso especial de una película donde el spanglish es el tema. Pero hay otras películas y varias series de televisión en las que se están incorporando personajes de origen latino, que mezclan el español en su diálogo. En abc guionistas se comenta el estudio realizado por la profesora Nieves Jiménez Carra, de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla, España, sobre 5 series de televisión (The West Wing, Friends, Without a Trace, Cane y Dexter) y 2 películas (Quinceañera y Real Women Have Curves). La investigadora analiza las estrategias que usan los guionistas de la versión original para incluir idioma español en el guión o a personajes de origen latinoamericano, y también comenta las estrategias de subtitulado y doblaje de los traductores en España para traducir estos guiones “bilingües”. Según dice, los guionistas estadounidenses suelen incluir subtítulos en inglés cuando el español que aparece en la serie o película es importante en el argumento, pero no hay subtítulos si lo que el personaje está diciendo no es importante. “Impiden al público conocer qué están diciendo los personajes que hablan español”, dice Jiménez Carra. “Si hay un personaje fijo que hable español, como en las series Cane o Dexter, este personaje a veces traduce sus propias intervenciones. Por ejemplo, si dice “¿Cómo estás?” a veces dice justo a continuación “How are you?”
Y quizás la respuesta sea enseñar español desde temprana edad… Lo mismo que ocurre en las series que mencionábamos, está ocurriendo en forma más acentuada en los programas infantiles. Tanto PBS Kids como Disney Channel y Nickelodeon intentan destacar la aceptación por encima de la discriminación, y ya cuentan con varios programas que incluyen bilingüismo y cultura latinoamericana.
En un sitio “para los padres latinos en el mundo”, Bebés Latinos, se comentan todos estos programas infantiles que “enseñan” español o incluyen personajes de ascendencia latina. Dora la Exploradora es una serie bilingüe que ha creado un nuevo interés en niños no latinos de aprender español a la vez que van conociendo aspectos de la cultura latina. Para los pequeños de origen latino que viven fuera de Latinoamérica, es un personaje con el que comparten algo en común y con quien se pueden relacionar. Otro programa con este estilo bilingüe es Maya & Miguel, donde dos hermanos en un barrio con diversidad de culturas y amigos de muchas nacionalidades y razas, enfatizan el hacer el bien a la familia y a la comunidad. Estos niños y sus parientes, de origen mexicano, utilizan frases en español y ciertas palabras traducidas al inglés. Dragon Tales cuenta las historias de una niña de 6 años y su hermano de 4, amigos de cuatro dragones de Dragonlandia: el programa se concentra en la diversidad cultural, enfatizando la cultura latina mediante juegos, canciones e historias latinoamericanas. Para los más pequeños, en Jay Jay el Avioncito, sobre un avioncito de 6 años y las aventuras con sus amigos aviones, se resalta el trabajo en grupo, la responsabilidad y la cooperación. Recientemente se añadió el personaje de una avioncita latina bilingüe que ayuda a Jay Jay a resolver misterios sobre cómo vuelan los aviones y sobre los cinco sentidos. Manny a la obra narra las historias y aventuras de Manny (Manuel García), un habilidoso reparador latino siempre dispuesto a ayudar a sus vecinos y amigos, arreglándolo todo en su ciudad. Los amigos de Manny son sus herramientas parlantes, y todos utilizan ciertas palabras y frases en español (en la versión para Latinoamérica, se incorporan saludos y números y otras frases simples en inglés, generalmente seguidas de su traducción). Enfocado en los valores de la cooperación, cómo resolver problemas, trabajo en equipo y la multiculturalidad, el programa hace alusión a costumbres y tradiciones latinas y desde el comienzo se escucha música latina (la canción principal es interpretada por el grupo Los Lobos).
Seguramente habrá más integración y menos discriminación, más conocimiento de “otras culturas”, pero me pregunto: ¿qué hablarán estos niños cuando sean mayores, una mezcla de español e inglés (el ya conocido spanglish)? ¿Lograrán estos programas hacer que hablen bien ambos idiomas? La otra posibilidad… mejor me la reservo.
Hace poco hablábamos del creciente mercado de español en los Estados Unidos y antes habíamos comentado de la intención de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) de mejorar el español que se usa en este país. También comenté sobre esa mezcla de inglés con otros idiomas que se habla en la película “Código 46″, una buena predicción, a mi criterio. Y “de pasada” mencionamos la existencia del spanglish, pero nunca nos detuvimos a analizar…
¿Qué es el spanglish, en realidad?
Wikipedia lo define como “la fusión morfosintáctica y semántica del español con el inglés (…) que suele confundirse con el uso de anglicismos en español”. Para Ilan Stavans, controvertido intelectual, ensayista, lexicógrafo, comentarista cultural, traductor, cuentista, conductor de programas televisivos, profesor y hombre de letras, los hablantes de spanglish utilizan tres estrategias: [1] mezcla de códigos (code mixing) y cambio de códigos (code switching), [2] traducción automática y simultánea y [3] la acuñación de nuevas voces. Stavans es además editor en jefe de la Enciclopedia Latina, dedicada a todos los aspectos de la vida de los hispanos en Estados Unidos, autor de varios libros sobre este particular fenómeno lingüístico y de la traducción del Quijote al spanglish. (Puede leerse más información en Wikipedia sobre Spanglish y sobre Ilan Stavans.)
Es típica del spanglish la confusión de significados entre palabras castellanas y otras inglesas que suenan de forma parecida (falsos amigos). Un ejemplo de esto sería la frase «vacunar la carpeta» (del inglés: “vacuum the carpet”) en lugar de “aspirar/pasar la aspiradora a la alfombra”. Otro ejemplo de este tipo de habla sería una frase donde se mezclan ambos idiomas: “I’m sorry I cannot attend next week’s meeting porque tengo una obligación de negocios en Boston, pero espero que I’ll be back for the meeting the week after”.
Hay mucho escrito sobre el tema. En Voces en español, la autora declara: “En mi opinión, toda expresión humana es intrínsecamente válida, simplemente por el hecho de manifestarse en algún lugar y circunstancia. Sin embargo, cuando el spanglish va ganando terreno al español, de manera tal que los hispanohablantes olvidan y confunden la sintaxis y la gramática de su propia lengua, en todas sus variantes, nuestro idioma se empobrece, al tiempo que se enriquece el spanglish”.
En otros sitios, como el de Arte y cultura logia El Potosí, se opina muy en contra de permitir el avance de “esta forma hìbrida de lenguaje. No se dan cuenta que están siendo sometidos lingüísticamente por el imperialismo: es una forma de invasión y marginación que el hablante acepta voluntariamente, y comienza a perder con ese simple hecho la cultura original legada por sus ancestros”. En otro sitio que indica desde el título su carácter “opositor” : “Di NO al spanglish“, el autor observa, sin embargo, que aunque algunas palabras que se usan comúnmente en inglés tienen una traducción correcta que deberíamos preferir, es difícil privarse de usar ciertos términos en inglés como por ejemplo blogger, cuya traducción al español (“bitacorador”) “suena mal”.
Hay otros sitios, como el de hispanicLA, que incluyen un buen análisis lingüístico, antecedentes y citas varias, donde se comenta: “no se sugiere aquí que, el español -o en su defecto, en un futuro el Spanglish- deban ser adoptados como una segunda lengua o sublengua oficial en Estados Unidos. Al menos, no todavía. Lo que se intenta es sugerir que la armónica coexistencia de dos o más lenguajes oficiales en un solo país es posible.”
También se debate si estaremos ante el nacimiento de una nueva lengua o de un nuevo tipo de slang en el foro de traducción English Spanish Translator Org, bajo el título “Spanglish vs. slang“, donde además se citan ejemplos interesantes de términos y frases en “spanglish”, como “exitar” la autopista (por “exit” = salir), “dropear” los estudios (“drop” = dejar) y el maravilloso “Dame una quebrada” (por “Give me a break”).
Cierro este artículo adhiriendo a la opinión del propio profesor Stavans (citada en el sitio de Origen y perspectiva…) de que “el lenguaje no puede ser legislado; es la forma de expresión más libre y democrática del espíritu humano. Y por ello, cada ataque en su contra sirve de estímulo, porque nada es más tentador que lo que es prohibido”.
La población mundial actual es de aproximadamente seis mil millones (6.000.000.000) de personas y las estimaciones más recientes de la Naciones Unidas indican que para el año 2025 será de ocho mil quinientos millones. Asimismo se estipula que para 2050 habrá en el planeta nueve mil doscientos millones de habitantes(para verlo en cifras: 9.200.000.000).
Según datos de la UNESCO, hoy hay entre cuatrocientos y quinientos millones de personas en el mundo que hablan español, es decir alrededor de un 7-8% de la población total, y por supuesto también crecerán estos números. Esas estadísticas contabilizan la población de los países cuyo idioma oficial es el español, a lo que se suman los treinta millones de personas que usan el castellano en forma habitual en los Estados Unidos, un país donde la población hispana se ha convertido no hace mucho en la mayor minoría.
Estas cifras nos permiten ver que el crecimiento de la demanda de comunicaciones, información, entretenimiento, sitios web y demás en español es vertiginoso. Las empresas ya están entendiendo que no pueden darse el lujo de no tener sus sitios web sin traducir, con un poder adquisitivo por hogar que aumenta constantemente. Si bien la mayoría de hispanos se concentra en las grandes ciudades, también hay cada vez más inmigrantes en estados como Georgia, Arkansas, Tennessee, Carolina del Norte y del Sur, y Virginia. Los medios alimentan la demanda de contenidos de calidad en español al aumentar el mercado español de medios y la publicidad en televisión, periódicos y revistas publicados en este idioma. Pero además, la demanda no es sólo de contenido en español sino de contenido de calidad, es decir, bien traducido.
Ya hemos comentado que no hay una sola forma de español, y que se deberá considerar en cada caso a qué mercado se dirigen los productos para adaptar el idioma a una variante específica del español (mexicano, colombiano, español de Estados Unidos), latinoamericano en general (o lo que llamamos “español neutro”) o el específico español de España. Con esa información, un buen servicio de traducciones podrá brindar un producto de calidad específico para cada cliente y así abastecer al mercado de español en los Estados Unidos, con las traducciones que necesita. Se puede encontrar información general sobre el idioma español en Estados Unidos, específicamente sobre el mercado hispano en línea o investigaciones de mercado de español en este país.
La gente sin experiencia en un idioma extranjero suele suponer que el proceso de traducir es simplemente reemplazar la palabra A (en el idioma original o de partida) por la palabra B (en el idioma de destino). Así es como funcionaban los más primitivos traductores automáticos, haciendo un desastre de la oración más simple:
Original:
I am studying Spanish before I travel to Mexico.
Traducción:
Soy estudiando Español antes de Viajo hasta México.
Entonces, después de confundir completamente a cualquiera con quien esté intentando comunicarse, uno comienza a darse cuenta de que hay MUCHOS factores que pueden complicar una traducción. Cosas como tiempos verbales, frases verbales, jergas y regionalismos, todos dejan fuera de servicio el método simple de “buscar y reemplazar”.
Lo peor sobre estos errores es que pueden cometerlos incluso los traductores más experimentados después de mucho trabajo… Por eso, recuerde que ¡nunca es tan fácil como parece!
En un sitio web encontré estos “chistes de (y para) traductores”. Será por los años de profesión, o el excesivo realismo, o vaya a saber uno por qué, algunos no me hicieron mucha gracia, sino más bien me recordaron momentos amargos de mis primeros años de ejercicio… Pero los que ahora publico me gustaron mucho. Espero que a ustedes también, y ya que en breve celebramos nuestro día, ¡aprovecho para saludar con humor a todos los nobles colegas! - ¿A qué se dedica?
- Soy traductor.
- ¿En serio? ¡Qué bien! Pero yo le preguntaba cómo se gana la vida.
- ¿Se refiere a trabajar? No trabajo. Gano tanto traduciendo que no necesito trabajar.
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- ¿Podría tenerlo listo en tres días? Me urge mucho.
- Por supuesto.
- ¿Cuánto me costaría?
- 1.500 dólares
- ¿Tanto por tres días de trabajo?
- Si se queda más tranquilo puedo tardar una semana.
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- ¿Y no podría hacerme un descuento?
- ¿Por qué?
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- ¡Gana usted más que yo!
- Pues debería plantearse hacerse traductor.
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- Tenemos un presupuesto mejor. Sepa que hay muchos traductores dispuestos a aceptar el trabajo con una tarifa más sensata.
- Bueno, pues sepa que hay muchos clientes dispuestos a pagar las tarifas que le he dado.
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- ¿Cuál es su mejor tarifa?
- X dólares.
- ¿Tanto por un trozo de papel?
- No, disculpe, el papel no lo cobro, lo regalo con la traducción. El precio es por poner las palabras sobre el papel.
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- No tiene que traducir los espacios, así que no los vamos a pagar.
- Muy bien, entregaré el trabajo sin espacios.
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- ¡Está usted loco de atar!
- Sí, lo sé, y el psiquiatra me cuesta una fortuna. Por eso tengo esas tarifas tan altas.
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- Lo siento, no podemos pagar más. Con este proyecto perdemos dinero.
- Vuelva a llamarme cuando tenga algún proyecto rentable.
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- En un futuro le haremos más encargos.
- Pues más le vale irse acostumbrando a mis tarifas.
El inglés nos invade a los hispanoparlantes. No pretendo crear polémica, porque ya hay suficientes personas que se sienten “atacadas” por esto. Digo que hablamos mal (ya lo he dicho antes), y encima cada vez reemplazamos más palabras nuestras por extranjeras, sobre todo, en inglés. Y esto no es sólo a nosotros que nos pasa: está pasando en todos lados, en todos los idiomas. Esté bien o mal, es una realidad que no podemos negar. Salimos a la calle y vemos carteles de bar, pub y restó o winery, ofreciendo sandwiches, lemon pie, cheese cake, shows y happy hour… En los hoteles, sea uno extranjero o local, nos informan el check-in y el check-out, te ofrecen música ambient, gym, spa, centro de fitness, tours, transfer a los centros de ski, wi-fi en el lobby, packs de 4 noches…
Y nosotros, los “profesionales de la lengua”… ¿cuántas de esas (y otras expresiones) usamos en la vida diaria? ¿Cómo hablamos los traductores? Entre nosotros comentamos sobre el source y el target y nos comunicamos entre feelancers e in-house mediante los project managers, nos enviamos files con un printscreen al server y posteamos (sí, algunas las adaptamos) en el blog, pedimos input y feedback, y protestamos por files “encriptados“.
Que levante la mano el que no dice: “te pasé la data en un mail: tuve que ir al cyber, porque mi pc no funciona”, “en la empresa están haciendo resizing”, “please, ¿me das un clip?”, “fuimos al free shop y compramos unos DVD y la play station”… Somos parte de la sociedad y hablamos como cualquier hijo de vecino. Pero ¿qué pasa cuando tenemos que traducir? Lo que aprendimos es que debemos ser correctos y seguir las normas y escribir las versiones que nos dicta la Real Academia… Debemos escribir “güisqui”, que casi no se puede leer, que no veremos en ningún cartel, que nadie escribe, en lugar de whiskey, y usar “emparedado” y “pastel de limón” aunque todos comamos sandwiches (o “sánguches”, en nuestra fonética cotidiana) y lemon pie, por supuesto… Eso dice la norma. A mí me resulta un poco hipócrita…
Suena a una pregunta para hacerse en el ámbito de una terapia, o lo que uno grita con desesperación y auto-arrancamiento de pelos al darse cuenta de que se acaba el plazo para entregar un trabajo larguísimo al que ¡no llego!… a lo que seguiría algo así como “¡por qué no me dediqué a vendedora o panadera!” pero no. Mi idea hoy es compartir mis motivaciones para decidirme a trabajar de esto, a pesar de todo.
Y empiezo por el “a pesar de todo”… No nos entienden. Salvo los colegas, nadie, ni familiares ni amigos, ni mucho menos los clientes, ni aunque sean profesionales (es decir, gente que sabe lo que es estudiar durante años, matarse preparando exámenes y demás), pueden creer que se deban estudiar cinco años en cualquier universidad, y dar una veintena o treintena de exámenes finales para poder ejercer legalmente, y no entienden bien qué hacemos. La definición de “una especie de secretaria con diccionario” que escuché una vez vuelve a darme dolor de estómago. “Pero lo hacés en un ratito… le ponés los sellitos y ya está…” “Yo ya lo adelanté algo: sólo faltan esas fórmulas que tienen ustedes…” (juro que esta última frase me la dijo un casi cliente (porque nunca lo fue), profesional, un 30 de diciembre, que pretendía que le tradujera unas 6 carillas de un trabajo al que ya le había metido mano, y lo pretendía para el día siguiente (31 de diciembre, por si no se entendió). Le di un precio que no era exagerado, pero era alto, para justificar la emergencia en esa fecha: “Uh, no… ¡mi mujer me mata!”
Aunque nos resulte costoso, nunca tratamos de regatearle a un plomero el costo de su mano de obra. Nadie le cuestiona a un anestesista el honorario diferencial. A nadie se le ocurriría decir algo como “Mire, arquitecto, yo ya hice acá unos dibujitos, ¿ve? Usted sólo póngale las medidas, y esas cosas que ustedes saben… y ubíqueme la escalera, que eso no me salió.”
Yo empecé a estudiar inglés para entender las canciones, de los Beatles primero, de muchos más después. Y con los años decidí dedicarme a esto porque me parecía generosa y hasta solidaria, la tarea de ayudar a que otros entendieran. Ser “puente” entre dos personas, o dos grupos, para que pudieran comunicarse, o conocer la gran obra de alguien que no hablaba su mismo idioma, me parecía maravilloso. Mi papá me preguntaba qué decía el actor y no habían subtitulado, y yo me sentía una heroína en el modesto ámbito familiar. Mi primera versión de una carta para mandar al extranjero a pedir unos libros… ayudaron a que el verdadero autor los obtuviera, con mi ayuda. Luego vinieron trabajos “oficiales” (pagados) de verter al inglés o al español artículos, manuales, libros de texto, sitios web, entrevistas, historias, recetas… y también actuaciones en vivo (interpretación, digo) de conferencias, entrevistas y reuniones muy serias (¡hasta llegar a hablar frente a 10.000 personas que no habrían entendido al orador sin mi participación!)
Los réditos, en estos veinte años de profesión, han sido grandes. No tanto en lo económico -dejemos el tema para otro artículo-, pero sí en la satisfacción de haber permitido que muchos cruzaran a la otra orilla y entendieran las palabras ajenas… Soy traductora por la necesidad que siempre tuve de entender, y por creer que puedo ayudar a otros a entender. De eso se trata.
Trusted Translations, Inc. se ha involucrado activamente en la lucha contra el cáncer infantil al apoyar al Hospital Infantil de Investigación St. Jude. Spanish Translation US, una rama de Trusted Translations, Inc., está participando en la labor de ayudar al St. Jude.
Cena de Gala de St. Jude “Chocolat au Vin”
Trusted Translations, Inc. se enorgullece de apoyar al Hospital St. Jude con su acontecimiento inaugural “Chocolat au Vin” (Chocolate y vino), con la presentación de Tony Bennett y la Presidenta Honoraria de la fiesta, Kristin Davis. Se celebrará en la ciudad de Nueva York el 28 de mayo de 2009. El Director Ejecutivo de Trusted Translations es el fundador y presidente del comité organizador de este acontecimiento de alfombra roja a beneficio del Hospital Infantil de Investigación St. Jude. “La Cena de gala Chocolat au Vin del St. Jude, una noche deliciosamente pecaminosa de baile, postres y sueños”, es el primero de una serie de acontecimientos que se espera que recauden millones en los próximos años.
Si desea obtener más información sobre el evento, visite:
Junto con esta fiesta, Trusted Translations lanzará la iniciativa “Traducción para St. Jude”. Esta actividad de alcance nacional implica la donación de Trusted Translations, Inc. del 5% de todas sus ganancias de nuevos proyectos de traducción de las organizaciones participantes.
No importa lo hermosa que sea su traducción, hay ciertas equivocaciones, muchas veces cometidas por quien se está iniciando en el oficio, que etiquetará el nivel de su trabajo como “de novato”. La mayoría de nosotros somos o hemos sido culpables de uno o más de estos errores al parecer inocentes pero que en realidad son desastrosos. Este artículo intenta señalar algunos de ellos.
Traducción literal. Esto es algo a lo que es más propensa la gente que está aprendiendo el idioma fuente, pero de lo que incluso el traductor más avezado puede ser culpable. Como ejemplo cito la traducción al español de una tira cómica que vi recientemente, en la que el saludo “What’s up” se tradujo como “¿Qué está arriba?”
Cambio de formato. No cambie el color del texto, no combine párrafos y trate de hacer que las tablas e imágenes se vean lo más parecidas que se pueda a las originales.
Aceptar un trabajo para el que no está preparado. Puede ser tentador tomar cualquier proyecto que se cruza en su camino cuando recién está arrancando en esto de traducir y necesita el trabajo… Pero cuando el cliente se queje de que todos los términos legales, médicos o de ingeniería están equivocados, usted verá que no fue tan buena idea.
Varios colegas que nos desempeñamos día tras día, semana tras semana como editores -es decir, corrigiendo día tras día y semana tras semana traducciones- nos hemos reunido y después de un largo debate, finalmente elaboramos esta serie de consejos o sugerencias que creemos que servirán a los traductores, sobre todo los más jóvenes… o tal vez no.
1. Los diccionarios no muerden. Y menos los virtuales. Háganos y hágase un favor y úselos. Si no está seguro del significado de una palabra, ¡búsquela! Si está seguro, ¡¡¡confírmelo!!!
2. Respete las indicaciones. Si el cliente (o quien le encargue el trabajo) le indica utilizar ciertas palabras o un estilo que a usted no le gustan, ¡obedezca! El cliente siempre tiene razón. Y el jefe… (¿Hace falta decirlo?)
3. Lamentamos comunicarle que el traductor no puede elegir ni el tema del proyecto, ni el tipo de archivo, ni la inclusión o eliminación de tablas, gráficos, etc., así que traduzca lo que tiene a la vista; no haga el proyecto que usted desearía que le hubieran encargado. Si hay tablas, ¡tradúzcalas! Si hay gráficos, inclúyalos, y si tienen texto… (¿ya adivinó?) ¡Tradúzcalo!
4. Hay expresiones que a usted le encantan. Lo entendemos, a todos nos pasa. Es como ese pantalón gastado que nos queda bien y queremos seguir usando a pesar del lamentable estado que tiene… Bueno, cuando usted escriba su autobiografía, utilice esas expresiones a gusto. Mientras tanto, cuando traduzca, haga el favor de usar las expresiones correctas, y de no repetir constantemente esas que usted prefiere. (Hay cosas que son “de” simplemente, y no “acerca de”, “en virtud de”, “en referencia a lo comentado sobre”…)
5. Hay autores que redactan “feo”, lo sabemos. Algunos textos, incluso, vienen con errores. La misión del traductor no es mejorar el original, sino producir una buena traducción. Parece obvio, pero no. Para que quede claro: lo que usted debe es TRADUCIR, no recrear el texto fuente a fin de que quede más lindo…
6. Errar es humano y editar algunos errores no es divino, se los podemos asegurar. Tenga a bien releer lo que escribe: que no diga su versión lo contrario de lo que decía el autor… Fíjese si las comas están donde debieran, o si falta alguna, si se “comió” una s o todo un abecedario, si omitió una preposición, si el verbo está en el tiempo que debe… ¡Ah! Por si no estaba enterado, el programa Word tiene una herramienta que se llama “corrector”. ¡Úsela! Aunque no hace magia, siempre ayuda.
7. Para ir terminando, un pequeño consejo, que sabemos que será difícil de poner en práctica con taaaantas cosas que no puede dejar de hacer mientras trabaja: revisar el correo electrónico, chatear, enviar mensajes de texto, hablar por teléfono y mirar de costado la televisión (no lo niegue…). Por favor, preste atención a lo que está leyendo (y debe traducir).
8. Por último, pero no menos importante que ninguna de las anteriores recomendaciones: PIENSE. Use esa maravillosa herramienta llamada cerebro. Y cuando todo lo demás fracase (diccionarios, foros, glosarios, colegas más despejados…) y sienta que ya nada puede hacer, que está al borde del colapso, que las fuerzas lo abandonan, por favor, por su salud y por la nuestra, no nos complique la vida: ¡ABANDONE! Abandone la computadora, abandone la traducción, abandone su casa o su oficina… ¡ABANDONE!
Bueno, aunque sea abandone el trabajo por un rato: salga a la puerta, tómese un tecito, despéjese y después vuelve. Y aunque los consejos son válidos, no se tome muy en serio los comentarios…
Los que estamos en el negocio de la traducción desde hace tiempo nos hemos reído con las traducciones automáticas y su redacción incorrecta, su torpe elección de palabras, etc. Por eso, cuando el Gerente de Productos de Google Enterprise, Cyrus Mistry, proclamó que el nuevo Traductor de Google sería “análogo a brindar a cada empleado en una empresa 34 traductores que se sienten a su lado y traduzcan todo lo que desee en una décima de segundo”, los traductores profesionales en todo el mundo escupimos nuestro café sobre las pantallas de nuestras computadoras.
Con las imperfecciones de los programas de traducción tipo Babelfish y Promt, que no son ningún secreto entre nosotros, ni para el público en general en cierta medida, la osada afirmación de Google parecía estrafalaria. El Traductor de Google, sin embargo, se basa en análisis estadístico: un despegue radical del enfoque tradicional de la traducción automática “basado en normas”. Google comenzó con más de veinte mil millones de palabras en siete idiomas (provenientes de documentos oficiales de las Naciones Unidas), y solicitó contribuciones de documentos traducidos por humanos en otros idiomas para agregar a su base de datos. Lo que de verdad distingue a este programa, sin embargo, es que, cuanto más texto bilingüe se ingresa en el programa, los resultados del análisis estadístico, y por lo tanto las traducciones, se hacen mucho más exactas. Al analizar en forma cruzada las nuevas fuentes y las originales, esencialmente están mejorando sus propias traducciones.
Más que escribir una crítica sarcástica sobre cómo la traducción siempre será una forma de arte hecha por los humanos o hacer ondear una bandera blanca y comenzar a buscar trabajo en ZonaJobs, les dejo la primera oración del cuento “El Aleph”, de Jorge Luis Borges, su traducción al inglés y la retraducción al español, hechas por el Traductor de Google.
Original:
La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.
Traducción al inglés:
The hot morning in February in which Beatriz Viterbo died after suffering an imperative not to cut a single instant or sentimentality or fear, I noticed the billboards iron Constitution Square had renewed do not know what warning blond cigarettes; the fact hurt, because I realized that the vast and endless universe and it deviated from it and that this shift was the first of an infinite series.
Retraducción al español:
Caliente en la mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió tras sufrir un imperativo de no cortar ni un solo instante al sentimentalismo ni al miedo, noté que las vallas de hierro de la Plaza de la Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho de daño, porque yo se dio cuenta de que la inmensa e inagotable universo y se apartaba de ella y que ese cambio fue el primero de una serie infinita.
La etapa final de esta serie de notas es sobre un tema crucial para cualquiera que aspire a ser traductor: encontrar trabajos. Aquí usted tiene básicamente dos opciones: trabajar por cuenta propia (“freelance”) o dentro del personal de una agencia de traducciones. En este artículo examinaremos las ventajas y desventajas de ambos caminos.
Agencia de traducciones
La agencia de traducción sirve como enlace entre usted y el cliente. Puede elegir trabajar como contacto de ellos, desde su casa, y con proyectos que le ofrecerá la agencia, o trabajar en las oficinas de la empresa, lo que le brindará más oportunidades pero también mayor responsabilidad. Y tendrá horarios fijos. La mayoría de las empresas de traducción le tomarán una prueba antes de comenzar a enviarle proyectos y luego lo ingresarán a una base de datos de traductores de su par (o pares) de idiomas. Si le va bien en sus proyectos, recibirá más en el futuro. Si no le va tan bien, puede que lo borren de la base de datos para siempre. Puede encontrar agencias de traducciones en internet, a las que podra enviarles una carta de presentación y su currículum vitae.
Traducir por cuenta propia
Creo que la mayoría de los traductores aspira a esto: la libertad de establecer sus propios horarios, trabajar en cualquier lugar que lo desee, fijar sus propias tarifas, etc. Pero esta meta no es un paseo por el parque y generalmente está precedida de años de buscar clientes, promocionarse uno mismo sin descanso y aprender sobre el lado comercial del oficio. Usted debe encontrar sus clientes, luego trabajar sostenidamente para establecer y nutrir estas relaciones. Puede ser una elección de ejercicio profesional muy satisfactoria y también muy demandante.
El idioma cambia con el tiempo y no puede escaparse a la globalización. Hoy en día, el uso de las malas palabras se ha generalizado: en programas de TV, en películas, en los deportes; porque esos espacios reflejan el habla cotidiana. Hay medios -al igual que individuos- que prefieren no utilizarlas (algunos canales tienen la política de “ocultar” el doblaje de palabrotas con un alevoso silencio o usan eufemismos en los subtítulos que provocan risa por lo desubicados: ejemplos como “eres un hijo de perra“, “bastardo mal nacido“… ¡no suenan igual a los insultos originales, que adivinamos fácilmente!), y hay sitios “controlados” en Internet que censuran ciertos términos “soeces”: supongo que en algunos años nos parecerá decididamente ridícula la lista de las palabras no permitidas hoy, porque dejarán de ser “malas” (como otras que han sobrevivido a esa condena) y serán comunes. Claro, tal vez habrán sido reemplazadas por otras nuevas. Y con cualquier término seguirá siendo igual de difícil o desagradable llamar a ciertas cosas por su nombre… y los eufemismos continuarán.
Creo que los chicos seguirán buscando esos términos para ver qué quieren decir o aclarar lo que sabían o creían saber, tal como lo hemos hecho todos (aunque tal vez ya no usen el Larousse ilustrado, reunidos en algún lugar lejos de los adultos, sino en la gran enciclopedia virtual en línea, y transmitiendo los comentarios por SMS o MSN), y lo seguirán haciendo porque el tema tiene gracia, porque las palabras -todas- son necesarias, porque éstas en particular dan curiosidad y principalmente porque son parte de “hacerse grandes”. Y ahora que no nos mandan a “lavarnos la boca con jabón”, los más grandecitos interesados en otros idiomas seguiremos utilizando en privado las nuestras, aunque nos hayamos vuelto más educados. Y profesionalmente seguiremos tratando de aprender las de otro idioma por cualquier medio, incluso informalmente (porque en los diccionarios no está la gran mayoría), buscando el significado y la traducción de las que leemos y necesitamos verter a nuestro idioma…
Según el diccionario, “edita o adapta un texto”: lo corrige, lo mejora. Pero no tratando de “mejorar” el original, sino tratando de mejorar la traducción que se ha hecho de él, a fin de que parezca menos una traducción que un texto escrito en el idioma de destino. El editor debe cumplir con “las cinco C”: dejar el texto claro, correcto, conciso, comprensible y consistente. Para ello, corregirá los errores de ortografía, gramática, puntuación, interpretación y otros que pueda haber cometido el traductor, y aplicará o unificará el estilo (según indicación del cliente, jerga especializada o localización de la audiencia). Verificará la consistencia de cifras, nombres propios, encabezados, títulos y subtítulos, y el formato del original. Reducirá la redundancia, y hará pequeños cambios de orden, agregados o eliminaciones, sin alejarse del sentido original sino, por el contrario, para apegarse aún más a él.
El editor también puede revisar el texto después de editado, actividad que se conoce en inglés como “proofreading” (literalmente, lectura de prueba), y que es una lectura final de la traducción ya editada para dejarla en condiciones de ser entregada al cliente. Básicamente, el “proofreader” controlará que no existan erratas o errores de mecanografía (“typos”) e inconsistencias de formato (negrita, cursiva, etc.). Por lo general hará esta revisión en forma “ciega” (sin comparar la traducción con el original), ya que es una lectura como la que haría el lector final. Sin embargo, el editor/revisor no es un lector común: cuenta con la capacitación para encontrar errores que alguien no entrenado podría pasar por alto porque su mente “entiende” el texto de todas maneras.
El traductor que trabaja solo, hará las revisiones del texto él mismo, pero en una empresa especializada habrá una persona encargada de editar (y generalmente otra más para revisar) los textos que el primer profesional haya traducido. Y todos sabemos que “cuatro ojos ven más que dos”.
Si analizamos el uso del idioma español en los EE. UU., los números hablan por sí mismos. De acuerdo con el censo de 2006, existen actualmente más de 35 millones de hispanoparlantes, lo que significa que hay más gente que habla español en los Estados Unidos que en Venezuela, Chile o Cuba. De hecho, este país tiene en la actualidad la sexta población hispanohablante más grande del mundo. El índice de crecimiento anual para la comunidad latina está llegando al 4%, más del triple de la tasa de crecimiento global, y los expertos dicen que para el 2050 más del 25% de la población estadounidense hablará castellano.
Estos números han causado bastante revuelo, disparando debates sobre un “idioma nacional”, políticas de inmigración, el idioma en las escuelas y demás. Incluso el candidato presidencial Barack Obama ha expuesto su pensamiento sobre el tema, diciendo que “En lugar de preocuparse por si los inmigrantes pueden aprender inglés –ellos aprenderán inglés- lo que necesitan es asegurarse de que sus hijos sepan español.”
Ahora bien, ¿qué hacer cuando millones de personas en el mismo país no hablan el mismo idioma? Traducir, por supuesto. La televisión, las revistas y otros medios ofrecen en la actualidad versiones traducidas para llegar así a una mayor audiencia. Negocios como McDonalds y Coca-Cola gastan millones en traducir y localizar sus esfuerzos comerciales para llegar a clientes hispanohablantes. La intención aquí no es generar debate, sino señalar que las traducciones, tanto formales como informales, y los traductores, se han convertido en el nuevo enlace en los Estados Unidos.
Yo no sé si pasará en todos los países, pero tengo la sensación de que es en todas partes que la gente cada vez habla y escribe peor. Y nosotros, los traductores, somos gente también; quiero decir, vivimos en este siglo, en esta sociedad, no somos diferentes. Conocemos las normas pero en lo cotidiano no las usamos: porque sonaríamos mal, porque uno quiere “encajar”, porque nos falta tiempo para todo. Usamos “malas palabras”, extranjerismos, y no cuidamos ni las formas correctas ni las estructuras como deben decirse o escribirse, aunque sepamos qué es lo correcto. Se calcula que los jóvenes actuales manejan un vocabulario de 200 palabras, mientras que un adulto promedio (40 años) habitualmente usa unas dos mil. La televisión no ayuda -ni la radio, ni los diarios, claro-, porque han caído en el mismo empobrecimiento de lenguaje, y los nuevos medios de comunicación -chat, correo electrónico, mensajes de texto- paradójicamente nos facilitan la comunicación pero nos obligan a utilizar menos palabras, abreviaturas, frases limitadísimas.
Creo que los traductores -jóvenes o mayores- pertenecemos todavía a un grupo especial de personas que ama el idioma, lo cuida, lo estudia y ha adquirido una riqueza mayor de vocabulario. En nuestro trabajo, cuidamos las formas y nos esforzamos por redactar en forma correcta. Y tenemos un importante cometido: seguir conservando nuestro idioma, seguir esforzándonos en utilizarlo como se debe, no permitir que se empobrezca. La ventaja es que para nosotros esto no es una tarea que hacemos a regañadientes, sino más bien un encargo que llevamos adelante con orgulloso placer.
Aunque se sabe que se viene traduciendo desde hace más de dos mil años, la era de la Información ha hecho producido una explosión en la necesidad de traducciones. El mundo está más interconectado por medio del comercio internacional, mejores comunicaciones y, por supuesto, la “red de redes”, la World Wide Web. Esto es especialmente cierto para el español y el inglés, cuando cosas como el NAFTA (el Tratado de libre comercio de los Estados Unidos), la cantidad récord de inmigrantes hispanoparlantes que tiene hoy en día los Estados Unidos, y la disminución de las restricciones comerciales han hecho esencial el aumento de la comunicación entre los países de habla hispana e inglesa. Uno casi puede llegar a todo el mundo por los canales apropiados, y las implicancias de esto son enormes para las comunidades de ambos idiomas.
Desde una perspectiva comercial, las ramificaciones de esto son incomparables. La cantidad de clientes potenciales puede elevarse en forma exponencial de la noche a la mañana, y las grandes corporaciones lo saben desde hace años. Ahora esto está llegando lentamente a empresas de mediano tamaño y compañías locales, que utilizan traducciones y un poco de conciencia cultural para llegar a un nuevo público. Con más de trescientos millones de hispanohablantes en el mundo, las empresas están abriendo sus puertas a nuevos clientes potenciales mediante la comercialización directa a consumidores hispanos. Y siendo el inglés la lingua franca del mundo actual, los países de habla hispana están haciendo lo mismo al traducir al inglés.
En este blog vamos a hablar de traducciones del español al inglés y del inglés al español. Espero que los temas se mantengan lo suficientemente variados como para que todos podamos aprender un poco más sobre esta orientación específica de traducción, cómo se hace y por qué es importante. Nuestro objetivo es proporcionar información para todos: para el autor que busca traducir su obra, para el traductor profesional que desea aprender un poco más sobre su oficio, y esencialmente, para cualquiera que esté interesado en la traducción entre el español y el inglés.
La actividad de la traducción nos puede dar mucho placer… y algunos dolores de cabeza.
De lo primero es fácil (y casi aburrido) hacer comentarios, porque el disfrute es personal, de cada uno, no nos sirve mucho para aprender o mejorar. Los problemas que enfrentamos al traducir, en cambio, si los contamos, los debatimos entre colegas y tratamos de encontrar una solución, pueden aportarnos algo, pueden ayudarnos a crecer en nuestra profesión.
¿Qué problemas comunes tenemos los traductores? Nos hemos esmerado en aprender bien nuestro idioma con sus reglas y particularidades, con sus giros, formas y variedades, además del otro, el que ya conocemos casi como propio, del que sabemos mucho pero siempre nos falta… Y tenemos una especialidad, o un tema que nos gusta más, o nos resulta más fácil, y mil temas de los que no sabemos casi nada, nos cuesta entender, nos espanta tener que traducir. Con todo a favor, ninguna traducción es la “ideal”. Todos hemos pasado alguna vez por el cliente que no entiende nuestra tarea, que no entiende el tiempo que nos lleva o el esfuerzo, que parece no darse cuenta de que no somos una máquina a la que ingresa un texto y un rato después automáticamente sale traducido… ¿Y con los textos en sí? Textos “recortados”, sin contexto, que no nos permiten saber qué acepción/ forma verbal/ pronombre corresponde. Cuántas veces daríamos “nuestro reino por un glosario”, que no se nos proporciona. ¿Y ese cliente que, una vez finalizada la tarea, nos pide explicaciones o nos devuelve el trabajo “corregido”? Y luego tenemos las pequeñas decisiones cotidianas: “Esta frase es correcta pero… ¿a quién va dirigida la traducción?” Porque en español tenemos el “usted” pero eso no va para niños de escuela primaria. Y si es para público latinoamericano en Estados Unidos, por ejemplo, los argentinos no podemos usar nuestro “vos” y sus formas sino que debemos optar por el “tú”. Y si hay dos opciones de vocabulario para un término (“maní/cacahuate”, “aparcar/estacionar”, “carro/automóvil”), también debemos elegir el del “sabor” del destinatario.