Un cuento
22 de octubre de 2008 por Laura C“Traducciones”
Siempre le pasaba lo mismo. Cuando alguien traducía uno de sus poemas a una lengua extranjera (al menos, de las que él conocía), sus propios versos le sonaban mejor que en el original. Por eso no le sorprendió que la versión francesa de su poema “El tiempo y la campana” le pareciera estupenda, grácil, sustanciosa.
Dos años más tarde, un traductor italiano, que no sabía español, tradujo aquella versión francesa, y aunque él nunca había sido partidario de las versiones indirectas (no olvidaba, sin embargo, que muchos años atrás había conocido a través de ellas a Tolstoi, Dostoievski y también a Confucio), disfrutó grandemente de su poema “in italico modo”.
Transcurrieron otros tres años y un traductor inglés, que, como la mayoría de los traductores ingleses, no sabía español, se basó en la versión italiana, basada a su vez en la versión francesa. Pese a tan lejano origen, fue la que mayor placer le produjo al primigenio autor hispanoparlante. Sólo le asombró un poco (en realidad, lo atribuyó a una errata de tantas) que esta nueva versión indirecta se titulara “Burnt Norton” y que el nombre del presunto autor fuera un tal T. S. Eliot. Sin embargo, le gustó tanto que decidió encarg
arse personalmente de traducirla al español.
Mario Benedetti
en Despistes y Franquezas, Cuentos Completos (Ed. Seix Barral 1994, p.497)
Mario Benedetti (nacido en Uruguay en 1920), se describe como un poeta que también escribe cuentos y novelas. Su novela La tregua (1960), cuya versión cinematográfica fue nominada al Oscar en 1974, ha sido traducida a 19 idiomas. Ha publicado más de 80 libros y obtenido muchísimos premios.
Etiquetas: "La tregua", cuento sobre traducción, Mario Benedetti, traducción de poemas

10 de noviembre de 2008 a las 22:46
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8 de abril de 2009 a las 18:31
Me encanta este cuento! Lo considero un perfecto reflejo de la singularidad de los idiomas considerados de forma individual; es decir, como las personas, cada cual tiene su propia personalidad y estilo, por muchos puntos en común que pueda tener con cualquier otro.
8 de abril de 2009 a las 11:31
Me encanta este cuento! Lo considero un perfecto reflejo de la singularidad de los idiomas considerados de forma individual; es decir, como las personas, cada cual tiene su propia personalidad y estilo, por muchos puntos en común que pueda tener con cualquier otro.