El “crowdsourcing” llega a la traducción
Miércoles, 8 de diciembre de 2010

He estado leyendo las opiniones de otros bloggers colegas sobre el tema de la traducción tipo “crowdsourcing” que encargó Twitter de su sitio, como Facebook lo había hecho antes del suyo.
Elegí dos artículos para mencionar: el de Pablo Muñoz Sánchez, Algo más que traducir, y el de Elizabeth, El taller del traductor, que me parecieron muy buenos, y no sólo porque opinan más o menos lo mismo que yo. El primero además comenta los artículos publicados por otros dos sitios. En el primero, un especialista en Administración y Dirección de Empresas insta a no colaborar con trabajo gratuito para empresas que pueden pagar a sus abogados, consultores y podrían (deberían) pagar traductores profesionales. En el otro, un Licenciado en Derecho y profesor de Marketing -entre otras cosas- intenta defender la idea de que los usuarios colaboren (sin título que avale la tarea) comparando esto con la posibilidad de participar, por ejemplo, en la elección de un nuevo producto o logo para otras marcas.
Yo estoy convencida de que cualquiera no puede traducir: somos muchos los que nos dedicamos a esto profesionalmente, le hemos puesto años de esfuerzo y estudio, y trabajamos día a día incorporando conocimientos y experiencia. Sabemos lo que hacemos y somos responsables por ello, igual que cualquier otro profesional de cualquier otro rubro. Y también, como ellos, merecemos un pago por nuestros servicios. Los textos de las Condiciones generales y la Política de privacidad de Twitter son dos buenos (¿buenos?) ejemplos de los resultados de que nos saque el trabajo cualquier usuario, sin idea de cómo traducir correctamente ni de los errores serios que podría cometer.
Un usuario puede elegir un nuevo logo para la marca del café o las galletas que consume, o inventar un nuevo producto que desearía consumir, porque consume, precisamente, y cualquiera consume. No hay requisitos previos. Aunque todos hablemos, un idioma o más, y aunque tengamos la libertad de escribir un blog, no todos los usuarios saben de lingüística, reglas gramaticales, redacción, ortografía…
Y el resto de los usuarios, los lectores (consumidores), ¿no tenemos derecho a leer algo bien traducido?


El gigante de las redes sociales ha emprendido un enfoque algo novedoso para brindar sus servicios en otros idiomas. Está empleando el “crowdsourcing” de diseño comunitario para tomar frases populares del sitio (tag a photo, nudge a friend) y traducir Facebook a más de 65 idiomas diferentes. (“Crowdsourcing” es un neologismo que describe una especie de tercerización anónima y generalizada por la que se propone un problema al público y se promete una recompensa -o no- a quien lo solucione.)
Cuando apareció la aplicación de Facebook, sólo le tomo a las masas dos semanas producir una versión en español del sitio. Con ese impulso, los usuarios crearon el Facebook francés en un día. La aplicación también se conoce como “Translations for Facebook Connect” y permite a los usuarios enviar traducciones sugeridas a Facebook, cuyo personal luego permite a los usuarios votar qué traducciones prefieren.
La intención es que las traducciones atraigan más y más gente al servicio de redes y con más de 320.000.000 de usuarios actualmente, parece que este gigante realmente se está apoderando del mundo.
