De usuarios, consumidores y traductores gratuitos
11 de Noviembre de 2009 por Laura CHe estado leyendo las opiniones de otros bloggers colegas sobre el tema de la traducción tipo “crowdsourcing” que encargó Twitter de su sitio, como Facebook lo había hecho antes del suyo.
Elegí dos artículos para mencionar: el de Pablo Muñoz Sánchez, Algo más que traducir, y el de Elizabeth, El taller del traductor, que me parecieron muy buenos, y no sólo porque opinan más o menos lo mismo que yo. El primero además comenta los artículos publicados por otros dos sitios. En el primero, un especialista en Administración y Dirección de Empresas insta a no colaborar con trabajo gratuito para empresas que pueden pagar a sus abogados, consultores y podrían (deberían) pagar traductores profesionales. En el otro, un Licenciado en Derecho y profesor de Marketing -entre otras cosas- intenta defender la idea de que los usuarios colaboren (sin título que avale la tarea) comparando esto con la posibilidad de participar, por ejemplo, en la elección de un nuevo producto o logo para otras marcas.
Yo estoy convencida de que cualquiera no puede traducir: somos muchos los que nos dedicamos a esto profesionalmente, le hemos puesto años de esfuerzo y estudio, y trabajamos día a día incorporando conocimientos y experiencia. Sabemos lo que hacemos y somos responsables por ello, igual que cualquier otro profesional de cualquier otro rubro. Y también, como ellos, merecemos un pago por nuestros servicios. Los textos de las Condiciones generales y la Política de privacidad de Twitter son dos buenos (¿buenos?) ejemplos de los resultados de que nos saque el trabajo cualquier usuario, sin idea de cómo traducir correctamente ni de los errores serios que podría cometer.
Un usuario puede elegir un nuevo logo para la marca del café o las galletas que consume, o inventar un nuevo producto que desearía consumir, porque consume, precisamente, y cualquiera consume. No hay requisitos previos. Aunque todos hablemos, un idioma o más, y aunque tengamos la libertad de escribir un blog, no todos los usuarios saben de lingüística, reglas gramaticales, redacción, ortografía…
Y el resto de los usuarios, los lectores (consumidores), ¿no tenemos derecho a leer algo bien traducido?
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