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Qué hacer cuando todo lo demás falla

Bueno, como ya hemos comentado, si bien se puede hacer una traducción en papel romaní en la vieja Olivetti y consultando el Simon & Schuster’s, vivimos en el siglo XXI y hoy en día disponemos de: a) una computadora, b) una buena conexión a internet con bastante velocidad, y c) (no imprescindible, pero de enorme valor) uno o más programas de asistencia a la traducción (CAT tools): por ejemplo, Trados.

Además, seguramente tendremos a mano (es decir, en nuestra computadora, en los favoritos y accesos directos) nuestros diccionarios de cabecera: uno bilingüe, uno monolingüe del idioma original, para verificar significados de alguna palabra fuente, uno monolingüe de nuestro idioma para verificar que el término elegido sea correcto, y luego diccionarios temáticos específicos según el texto: de medicina, técnico, legal, etc. En casos de textos muy específicos, se podrá consultar algún glosario, bilingüe si existe. Quizás contemos con una “memoria” o un glosario del propio cliente, que puede ser una ayuda o simplemente el modo en que el cliente desea que se traduzcan ciertos términos.

Bien, ya estamos preprados. ¿Qué pasos seguimos?

1) Lo primero es leer el texto. La recomendación de varios profesores en la facultad era la de leer el texto en su totalidad antes de traducirlo. Esto puede ser poco práctico en los tiempos que corren (¡y nos corren!). Pero al menos es conveniente darle una leída rápida a los primeros párrafos para ver que se trata del manual de instrucciones de una máquina, un contrato de alquiler o una carta de amor… En todos estos textos podría aparecer una palabra o una frase similar, y seguramente la traducción variaría según el contexto. No traducimos palabras aisladas, así que revisar brevemente de qué se trata el original ayudará a ponernos en tema y orientar el vocabulario (y el estilo) por ese lado.

Entonces, a mitad del trabajo, aparece la gran duda: qué hacer con cierto término o frase “conflictivos”, que no encontramos ni en el diccionario, ni en los glosarios… Ya hemos comentado que “googlear” el término o la frase (es decir, buscarlo en Google) no es un recurso 100% seguro, pero ayuda mucho a encontrar si por lo menos existe, se dice así en algún lado, está bien armada la frase, etc.

Por último, sería ideal consultar a un especialista en el tema que estamos traduciendo (un médico, un ingeniero, un experto en computadoras, etc.), pero esto suele ser una “exquisitez” a la que no tenemos fácil acceso, por nuestros tiempos o los de el otro.

Mi consejo y, en mi experiencia, lo mejor cuando hemos agotado nuestros recursos, es consultar a un colega: nunca está de más y no es novedad que suele ser una excelente idea el trabajo en equipo. Otro traductor puede “ayudarnos a pensar”, aportar una posibilidad que no se nos ocurrió, o corroborar con su experiencia lo que no podíamos confirmar de otra manera.

Si tenemos además la suerte de poder consultar a un colega nativo del idioma fuente, esto puede ser un “bonus track” inesperado. Pero eso es algo que sólo algunos afortunados tenemos. 😉

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