Cuando una palabra no aparece en el diccionario
Miércoles, 2 de septiembre de 2009No hablo de una en particular. Me refiero a esa palabra que, en medio de una traducción, nos frena y no nos permite avanzar. Les cuento un caso puntual de mi experiencia reciente. La palabra era “derailers”. En los diccionarios bilingües sólo estaba “derail: descarrilar”, en algunos agregaba “desbaratar” o algo similar como segunda opción. En los monolingües explicaban lo mismo sobre el tren saliéndose del carril… y nada más. Nada que no hubiera deducido incluso antes de consultar diccionario alguno.
Opté por otros recursos: la web, los colegas (uno local, uno angloparlante)… mismos resultados. Pero mi texto era de ventas y era claro que el tren no tenía cabida, ni por su vía ni descarrilado, en un seminario de capacitación de vendedores.
Se me ocurrió un enfoque diferente: consultar a una amiga, Licenciada en Administración. No era el tema exacto, pero no sería la primera vez que alguien con una visión y una formación diferente, no está entrenado en traducir, tiene una idea que no se nos ocurrió. Porque acá la cosa era encontrar una expresión nueva para expresar lo que decía el original sobre “derailers” que podían frustrar una venta, y que no figuraba en los diccionarios con ese uso.
Recordé entonces mis lecturas sobre pensamiento lateral. Si no han leído al respecto, se los recomiendo [De Bono, E. (1968). New think; the use of lateral thinking in the generation of new ideas. New York: Basic Books. Hay varios otros]. Básicamente, pensar “lateralmente” es salirse del esquema lineal de pensamiento e intentar un enfoque que no va en línea recta, o de abajo hacia arriba, o de principio a fin. El pensamiento lateral mira el tema desde un ángulo diferente, desde un detalle, desde lo opuesto, y de ahí sale en busca de la respuesta.
Mi “lateralidad” aquí fue pensar: si yo estuviera redactando el texto, ¿qué querría decir? Ya les dije a los vendedores las cosas que recomiendo hacer y decir. Los “derrailers” son las cosas que no tienen que hacer ni decir, las frases que no conviene usar, las acciones que “descarrilarían” la venta, que van en contra de mi propósito (es decir, vender)… y en ese instante se hizo la luz, y apareció la frase ante mis ojos como en un letrero luminoso… “contraproducentes”. Le agregué “acciones” para completar y quedé satisfecha con la frase.
En ese momento entró mi amiga del balcón, adonde había ido pensar (cigarrillo en mano), para sugerir… ¡la misma palabra!


