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¿Cuántas palabras tiene el idioma?

Martes, 31 de Marzo de 2009

¿Cuántas palabras existen en español? ¿Cuántas tiene el inglés? Según la fuente consultada, se encuentran diferentes respuestas… Hay una cierta tendencia (de los hispanohablantes) a creer que el español tiene más cantidad de vocablos y en general mucha más variedad de formas, pero parece más una necesidad de ganar no sé qué competencia, con orgullo y sin fundamento, que una defensa de números reales. Y es que no hay cifras concretas… ¿Cómo contar todas las palabras?

Yo diría que el español tiene “quichicientas” o “chorrocientas”, “una chorrera” o “tantitas”, o “un toco” de palabras… y me pregunto: ¿estarán registrados esos y todos los localismos en la cuenta? También habría que sumar los términos específicos que utilizan ciertos grupos: médicos, abogados, personas del ambiente artístico, “marginales” (internos de las cárceles, drogadictos, etc.) y los diccionarios no recogen. Y me pregunto: ¿están contadas todas las variantes femeninas y masculinas, singular y plural, los diminutivos, los aumentativos…? ¿Y tooooodas las palabras que inventamos actualmente, para los mensajes por celular y por chat: algunas abreviadas, otras “alargadas” (como la segunda de esta oración), otras transformadas o al “vesre”*? También están las “importadas”, las que copiamos, robamos y pedimos prestadas a otros idiomas, y algunas que pasan antes por un proceso de modificación y adaptación fonética, y se podrían considerar nuevas. Y las malas palabras (de las que ya hemos hablado aquí) también existen y aunque sean “malas”, son bastantes y se usan… aunque no estén en el diccionario. ¿Las suman los que cuentan palabras?

¿Cuántas palabras tiene el idioma? more than wordsDespués de todo, sean 100.000 ó 350.000 las que “existen” según los entendidos, ¿cuántas usamos, realmente? Según la formación cultural que tengamos, he leído por ahí que usamos entre 1000 y 10.000. ¿Cuántas, además, son obsoletas, pasadas de moda y figuran igual en el diccionario pero ya no se utilizan? Muchas quedarán relegadas a un catálogo de términos en desuso, pero alguna vez pertenecieron a nuestro idioma. Y muchas más se seguirán incorporando, porque el idioma nunca deja de crecer.

Sean la cantidad que sean, son nuestra “materia prima”, y tendremos que seguir aprendiéndolas, para poder utilizarlas en nuestra tarea diaria.

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* “vesre” («revés» en vesre) hablar al vesre: mecanismo de formación de palabras consistente en la permutación o metátesis de las sílabas de una palabra española, propio del castellano rioplatense, popularizada por los tangueros a principios del siglo XX; ejemplos: “mionca” (camión), “ñoba” (baño). ( http://es.wikipedia.org/wiki/Vesre)

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Las malas palabras (parte II)

Martes, 13 de Enero de 2009

El idioma cambia con el tiempo y no puede escaparse a la globalización. Hoy en día, el uso de las malas palabras se ha generalizado: en programas de TV, en películas, en los deportes; porque esos espacios reflejan el habla cotidiana. Hay medios -al igual que individuos- que prefieren no utilizarlas (algunos canales tienen la política de “ocultar” el doblaje de palabrotas con un alevoso silencio o usan eufemismos en los subtítulos que provocan risa por lo desubicados: ejemplos como “eres un hijo de perra“, “bastardo mal nacido“… ¡no suenan igual a los insultos originales, que adivinamos fácilmente!), y hay sitios “controlados” en Internet que censuran ciertos términos “soeces”: supongo que en algunos años nos parecerá decididamente ridícula la lista de las palabras no permitidas hoy, porque dejarán de ser “malas” (como otras que han sobrevivido a esa condena) y serán comunes. Claro, tal vez habrán sido reemplazadas por otras nuevas. Y con cualquier término seguirá siendo igual de difícil o desagradable llamar a ciertas cosas por su nombre… y los eufemismos continuarán.Las malas palabras (parte II) istockphoto 1647437 wash your mouth out

Creo que los chicos seguirán buscando esos términos para ver qué quieren decir o aclarar lo que sabían o creían saber, tal como lo hemos hecho todos (aunque tal vez ya no usen el Larousse ilustrado, reunidos en algún lugar lejos de los adultos, sino en la gran enciclopedia virtual en línea, y transmitiendo los comentarios por SMS o MSN), y lo seguirán haciendo porque el tema tiene gracia, porque las palabras -todas- son necesarias, porque éstas en particular dan curiosidad y principalmente porque son parte de “hacerse grandes”. Y ahora que no nos mandan a “lavarnos la boca con jabón”, los más grandecitos interesados en otros idiomas seguiremos utilizando en privado las nuestras, aunque nos hayamos vuelto más educados. Y profesionalmente seguiremos tratando de aprender las de otro idioma por cualquier medio, incluso informalmente (porque en los diccionarios no está la gran mayoría), buscando el significado y la traducción de las que leemos y necesitamos verter a nuestro idioma…

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Las malas palabras (parte I)

Martes, 6 de Enero de 2009

El escritor uruguayo Eduardo Galeano, en un texto denominado, precisamente, “Las malas palabras”, cuenta el caso de una niña que corría muy nerviosa por toda su casa hasta que tropieza y se cae, y en lugar de llorar, se enoja:

–¿Qué hace esta mierda acá?Las malas palabras (parte I) wtf big time copy
La madre educó:
–Mijita, eso no se dice.
Y Ximena, desde el piso, curioseó:
–¿Para qué existen, mamá, las palabras que no se dicen?

Las malas palabras, puteadas, obscenidades, groserías, palabrotas o el lenguaje soez -slang, swearing, cursing, taboo language o four-letter words, en inglés- son parte del lenguaje y constituyen una convención sociolíngüística. Cambian de significado de un país a otro, pueden considerarse malsonantes o inadecuadas en un país o una región pero no en otros. Generalmente nombran lo que en la sociedad es sagrado (religión, familia) o lo que se considera tabú o prohibido (sexo, partes del cuerpo, escatología), o se utilizan para exacerbar descripciones personales (insultos). Muchas veces parecen surgir de nosotros sin nuestro control, al martillarnos un dedo o patear una silla descalzos en la oscuridad…

El escritor argentino Roberto Fontanarrosa dijo que estas palabras “no son malas porque les peguen a otras ni porque sean de menor calidad”, pero hacen que al que las dice se lo considere “malhablado” o “bocasucia”, y mi bisabuela decía que “hablaba a lunares” quien tenía un lenguaje “subido de tono”. Al hablar o escribir, como autores, podemos eludir su uso recurriendo a eufemismos (una palabra o expresión políticamente aceptable o menos ofensiva que sustituye a otra considerada vulgar, de mal gusto o tabú, que puede ofender o sugerir algo no placentero al oyente). Pero al traducir algo que contiene slang, no podemos evadirnos: tendremos que encontrar una mala palabra de tono y significado similares, aunque no sea de nuestro gusto o acorde a nuestras costumbres utilizar esos términos. La búsqueda de la palabra o frase que coincida con la expresión a traducir puede no ser fácil, pero profesionalmente puede ser un interesante desafío. En Internet hay varios “diccionarios de slang”, y glosarios de malas palabras, incluso con aclaración de los países a los que pertenecen. No son exactos y podemos encontrar que no es cierto que en nuestro país o región  se use tal o cual expresión, pero algo es algo: en sitios más formales no las encontramos. También hay muchos blogs y foros que se han interesado en el tema e incluyen listas de equivalencias, y aunque las fuentes no sean demasiado académicas, en este tema tan ligado a lo cultural y social todos, aunque no seamos lingüistas, podemos aportar algo, porque todos las usamos, sabemos qué significan y cómo se usan, al menos en nuestro entorno.

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