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Por qué soy traductora

Martes, 7 de julio de 2009

Por qué soy traductora 20090420 mox

Suena a una pregunta para hacerse en el ámbito de una terapia, o lo que uno grita con desesperación y auto-arrancamiento de pelos al darse cuenta de que se acaba el plazo para entregar un trabajo larguísimo al que ¡no llego!… a lo que seguiría algo así como “¡por qué no me dediqué a vendedora o panadera!” pero no. Mi idea hoy es compartir mis motivaciones para decidirme a trabajar de esto, a pesar de todo.

Y empiezo por el “a pesar de todo”… No nos entienden. Salvo los colegas, nadie, ni familiares ni amigos, ni mucho menos los clientes, ni aunque sean profesionales (es decir, gente que sabe lo que es estudiar durante años, matarse preparando exámenes y demás), pueden creer que se deban estudiar cinco años en cualquier universidad, y dar una veintena o treintena de exámenes finales para poder ejercer legalmente, y no entienden bien qué hacemos. La definición de “una especie de secretaria con diccionario” que escuché una vez vuelve a darme dolor de estómago. “Pero lo hacés en un ratito… le ponés los sellitos y ya está…” “Yo ya lo adelanté algo: sólo faltan esas fórmulas que tienen ustedes…” (juro que esta última frase me la dijo un casi cliente (porque nunca lo fue), profesional, un 30 de diciembre, que pretendía que le tradujera unas 6 carillas de un trabajo al que ya le había metido mano, y lo pretendía para el día siguiente (31 de diciembre, por si no se entendió). Le di un precio que no era exagerado, pero era alto, para justificar la emergencia en esa fecha: “Uh, no… ¡mi mujer me mata!”

Aunque nos resulte costoso, nunca tratamos de regatearle a un plomero el costo de su mano de obra. Nadie le cuestiona a un anestesista el honorario diferencial. A nadie se le ocurriría decir algo como “Mire, arquitecto, yo ya hice acá unos dibujitos, ¿ve? Usted sólo póngale las medidas, y esas cosas que ustedes saben… y ubíqueme la escalera, que eso no me salió.”

Yo empecé a estudiar inglés para entender las canciones, de los Beatles primero, de muchos más después. Y con los años decidí dedicarme a esto porque me parecía generosa y hasta solidaria, la tarea de ayudar a que  otros entendieran. Ser “puente” entre dos personas, o dos grupos, para que pudieran comunicarse, o conocer la gran obra de alguien que no hablaba su mismo idioma, me parecía maravilloso. Mi papá me preguntaba qué decía el actor y no habían subtitulado, y yo me sentía una heroína en el modesto ámbito familiar. Mi primera versión de una carta para mandar al extranjero a pedir unos libros… ayudaron a que el verdadero autor los obtuviera, con mi ayuda. Luego vinieron trabajos “oficiales” (pagados) de verter al inglés o al español artículos, manuales, libros de texto, sitios web, entrevistas, historias, recetas… y también actuaciones en vivo (, digo) de conferencias, entrevistas y reuniones muy serias (¡hasta llegar a hablar frente a 10.000 personas que no habrían entendido al orador sin mi participación!)

Los réditos, en estos veinte años de profesión, han sido grandes. No tanto en lo económico -dejemos el tema para otro artículo-, pero sí en la satisfacción de haber permitido que muchos cruzaran a la otra orilla y entendieran las palabras ajenas… Soy traductora por la necesidad que siempre tuve de entender, y por creer que puedo ayudar a otros a entender. De eso se trata.

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Intérpretes

Miércoles, 19 de noviembre de 2008

Intérpretes Interpreter Symbol“Al igual que un músico, un debe tener un oído especial para dominar el acento y aptitud para los idiomas”, dice en un artículo publicado por El Sentinel de Orlando esta semana, centrado en el que, según el vocero de mueve $17.000 millones anuales en el mundo. Se destaca en el artículo la gran labor del cubano , quien fue la voz para los hispanos en la televisación de eventos tales como la declaración de guerra a Irak del presidente George W. Bush, la misa que ofició Benedicto XVI en el Yankee Stadium y la aceptación del triunfo de Barack Obama el día de las elecciones. Su voz profunda, su acento
neutral y su dicción precisa fueron las claves de su éxito.

“Cuando interpreto no puedo reaccionar, tiene que lucir lo más natural posible”, dijo Camayd-Freixas, quien es además director del Programa de y de la Universidad Internacional de la Florida. Mencionó también que uno de los retos de traducir simultáneamente es poder expresarse como si uno fuese el orador. Luego de pasar el proceso de audición, al igual que los actores, se prepara para la parte que le toca interpretar estudiando el vocabulario relacionado con el evento e informándose sobre el tema de lo que se va a hablar y la personalidad de quien va a interpretar.

El presidente de la Asociación Estadounidense de Traductores (ATA, por sus siglas en inglés), Jiri Stejskal, comentó, en la reciente conferencia anual de la entidad, que uno de los mayores retos de la organización es “educar a las personas sobre la necesidad de usar traductores e intérpretes profesionales”, ya que de no hacerlo se ponen muchas cosas en juego. “No importa si es un contrato de millones de dólares o un

manual de equipo médico, un error en la traducción puede costar mucho dinero y hasta la vida, y como hemos visto, las elecciones”, precisó Kirk Anderson, vocero de la asociación [ver posts anteriores: "Traducciones incorrectas y errores en las elecciones" y "Errores fatales"], y mencionó como ejemplo palabras y frases que John McCain utilizó en la campaña (“maverick” [res sin marca/ inconformista, disidente], “You betcha” [slang, "puedes apostarlo"]), que al no tener traducción exacta y ser tan típicamente del idioma inglés no tuvieron el mismo efecto que en el original.

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Un poco de historia: la primera intérprete latinoamericana

Martes, 7 de octubre de 2008

Se la conoce por los nombres Malintzin, Malinalli (transliteraciones al castellano del nombre original; el sufijo tzin se añadía al nombre para indicar jerarquía y nobleza), o bien , que es la forma más común de referirse a ella, o “Doña Marina”. Malineli Tenepatl (c.1502 – c.1529) era de la alta clase mexicana y siendo todavía niña, fue cedida como tributo a los caciques mayas de Tabasco después de una guerra entre mayas y aztecas, por lo que hablaba con fluidez su lengua materna, el náhuatl, y la lengua de sus nuevos amos, la maya.

Los caciques de Tabasco se la regalaron aún esclava a , después de que él derrotara a los tabasqueños en la “Batalla de Centla”. Cortés la bautizó “Marina” y la regaló a su vez a uno de sus capitanes. Al descubrir que ella habla náhuatl, empieza a utilizarla como náhuatl-maya, ocupándose Jerónimo de Aguilar (un náufrago español que había estado cautivo, rescatado por Cortés) de la maya-español. Así, con el uso de tres lenguas y dos intérpretes, se llevaron a cabo todos los contactos entre españoles y aztecas, hasta que Malintzin aprendió castellano: se supone que esto no tardó en ocurrir, porque las crónicas indígenas suelen olvidar a Jerónimo de Aguilar, como si Malintzin hubiera sido siempre la única .

Además de este servicio, Malintzin asesoró a los españoles sobre costumbres sociales y militares de los nativos, y posiblemente también se encargó de lo que hoy llamaríamos tareas de “inteligencia” y “diplomacia”.

Existen muchas leyendas y suposiciones poco comprobables sobre la Malinche. De su nombre deriva la palabra “” utilizada en México, que indica la preferencia de lo extranjero frente a lo nacional, el deseo de sentirse extranjero antes que mexicano, oportunismo, traición a lo propio en favor de lo foráneo. Pero al no haber unidad, y sí gran enemistad, entre los pueblos de México, Malintzin no tenía patria que vender.

También algunos pocos la consideran “primera madre de México”, evocando el nacimiento de una nueva patria y, en un sentido general, la maternidad.

(Datos extraídos de: http://es.wikipedia.org/wiki/La_Malinche)

Un poco de historia: la primera intérprete latinoamericana malinche

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