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DECÁLOGO DEL BUEN TRADUCTOR

Jueves, 5 de febrero de 2009

Varios colegas que nos desempeñamos día tras día, semana tras semana como editores -es decir, corrigiendo día tras día y semana tras semana traducciones- nos hemos reunido y después de un largo debate, finalmente elaboramos esta serie de consejos o que creemos que servirán a los traductores, sobre todo los más jóvenes… o tal vez no.

1. Los no muerden. Y menos los virtuales. Háganos y hágase un favor y úselos. Si no está seguro del significado de una palabra, ¡búsquela! Si está seguro, ¡¡¡confírmelo!!!
2. Respete las indicaciones. Si el cliente (o quien le encargue el trabajo) le indica utilizar ciertas palabras o un estilo que a usted no le gustan, ¡obedezca! El cliente siempre tiene razón. Y el jefe… (¿Hace falta decirlo?)
3. Lamentamos comunicarle que el no puede elegir ni el tema del proyecto, ni el tipo de archivo, ni la inclusión o eliminación de tablas, gráficos, etc., así que traduzca lo que tiene a la vista; no haga el proyecto que usted desearía que le hubieran encargado. Si hay tablas, ¡tradúzcalas! Si hay gráficos, inclúyalos, y si tienen texto… (¿ya adivinó?) ¡Tradúzcalo!
4. Hay expresiones que a usted le encantan. Lo entendemos, a todos nos pasa. Es como ese pantalón gastado que nos queda bien y queremos seguir usando a pesar del lamentable estado que tiene… Bueno, cuando usted escriba su autobiografía, utilice esas expresiones a gusto. Mientras tanto, cuando traduzca, haga el favor de usar las expresiones correctas, y de no repetir constantemente esas que usted prefiere. (Hay cosas que son “de” simplemente, y no “acerca de”, “en virtud de”, “en referencia a lo comentado sobre”…)
5. Hay autores que redactan “feo”, lo sabemos. Algunos textos, incluso, vienen con errores. La misión del traductor no es mejorar el original, sino producir una buena . Parece obvio, pero no. Para que quede claro: lo que usted debe es TRADUCIR, no recrear el texto fuente a fin de que quede más lindo…
6. Errar es humano y editar algunos errores no es divino, se los podemos asegurar. Tenga a bien releer lo que escribe: que no diga su versión lo contrario de lo que decía el autor… Fíjese si las comas están donde debieran, o si falta alguna, si se “comió” una s o todo un abecedario, si omitió una preposición, si el verbo está en el tiempo que debe… ¡Ah! Por si no estaba enterado, el programa Word tiene una herramienta que se llama “corrector”. ¡Úsela! Aunque no hace magia, siempre ayuda.
7. Para ir terminando, un pequeño consejo, que sabemos que será difícil de poner en práctica con taaaantas cosas que no puede dejar de hacer mientras trabaja: revisar el correo electrónico, chatear, enviar mensajes de texto, hablar por teléfono y mirar de costado la televisión (no lo niegue…). Por favor, preste atención a lo que está leyendo (y debe traducir).
8. Por último, pero no menos importante que ninguna de las anteriores recomendaciones: PIENSE. Use esa maravillosa herramienta llamada cerebro. Y cuando todo lo demás fracase (diccionarios, foros, glosarios, colegas más despejados…) y sienta que ya nada puede hacer, que está al borde del colapso, que las fuerzas lo abandonan, por favor, por su salud y por la nuestra, no nos complique la vida: ¡ABANDONE! Abandone la computadora, abandone la traducción, abandone su casa o su oficina… ¡ABANDONE!

Bueno, aunque sea abandone el trabajo por un rato: salga a la puerta, tómese un tecito, despéjese y después vuelve. Y aunque los consejos son válidos, no se tome muy en serio los comentarios… DECÁLOGO DEL BUEN TRADUCTOR icon wink

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¿Qué hace un editor?

Jueves, 18 de diciembre de 2008

Según el diccionario, “edita o adapta un texto”: lo corrige, lo mejora. Pero no tratando de “mejorar” el original, sino tratando de mejorar la que se ha hecho de él, a fin de que parezca menos una que un texto escrito en el idioma de destino. El debe cumplir con “”: dejar el texto claro, correcto, conciso, comprensible y consistente. Para ello, corregirá los errores de ortografía, gramática, puntuación, interpretación y otros que pueda haber cometido el , y aplicará o unificará el estilo (según indicación del cliente, jerga especializada o localización de la audiencia). Verificará la consistencia de cifras, nombres propios, encabezados, títulos y subtítulos, y el formato del original. Reducirá la redundancia, y hará pequeños cambios de orden, agregados o eliminaciones, sin alejarse del sentido original sino, por el contrario, para apegarse aún más a él.

El editor también puede revisar el texto después de editado, actividad que se conoce en inglés como “” (literalmente, lectura de prueba), y que es una lectura final de la traducción ya editada para dejarla en condiciones de ser entregada al cliente. Básicamente, el “proofreader” controlará que no existan o errores de mecanografía (“”)  e inconsistencias de formato (negrita, cursiva, etc.). Por lo general hará esta revisión en forma “ciega” (sin comparar la traducción con el original), ya que es una lectura como la que haría el lector final. Sin embargo, el editor/revisor no es un lector común: cuenta con la capacitación para encontrar errores que alguien no entrenado podría pasar por alto porque su mente “entiende” el texto de todas maneras.

El traductor que trabaja solo, hará las revisiones del texto él mismo, pero en una empresa especializada habrá una persona encargada de editar (y generalmente otra más para revisar)  los textos que el primer profesional haya traducido. Y todos sabemos que “cuatro ojos ven más que dos”.

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