Desambiguar y contextualizar

Desambiguar y contextualizar

28 abril 2009 No Comments »

Cada palabra tiene un significado, pero algunas tienen más de uno, como los homónimos: “banco”, “vela”, “capital”, “vino”… En ciertas circunstancias, una palabra representa o simboliza “algo más” y un autor puede dar un significado especial y único a una palabra o un nombre (el mejor ejemplo es “Rosebud”, para quien haya visto la película “El ciudadano”, de Orson Welles).

Dice el Diccionario de la RAE que desambiguar es “efectuar las operaciones necesarias para que una palabra, frase o texto pierdan su ambigüedad.” Eso nos toca a los traductores. Y a veces no es fácil. Hay textos terriblemente ambiguos, es cierto, pero en general, las “pistas” (otra palabra con homónimo) están ahí, a nuestro alcance.

Un ejemplo que se da en mi entorno familiar (si se me disculpa el ejemplo), es la frase: “Vino blanco de San Juan.” No parece ambigua: estoy describiendo la bebida procedente de esa provincia argentina. Pero en mi casa esto es motivo de festejo, porque sucede que tengo un tío de apellido Blanco… que vive en San Juan, y nos alegramos mucho si viene de visita.

¿Cuál es el elemento que nos ayuda a descifrar las “pistas” de las que hablábamos? Un viejo amigo para los traductores: el contexto. El contexto es el “entorno lingüístico del cual depende el sentido y el valor de una palabra, frase o fragmento considerados.” (DRAE). En otras palabras, podemos decir que es la relación que tiene una palabra con las restantes partes del mensaje. En mi ejemplo, simplemente el dato del nombre de mi tío ayudaría a descifrar de qué hablaba yo. Pero si la hubiera enunciado otra persona, en una cena… bueno, otra sería la traducción.

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