Archivo de Septiembre de 2008

La difícil tarea de revisar

Martes, 30 de Septiembre de 2008

En lo personal, una de las cosas que más me molestan de traducir es tener que revisar al final. Lo detesto. Pero después de querer darme la cabeza contra la pared varias veces por ese tonto error que se me pasó por no revisar y que alguien más observó y me hizo notar… bueno, acepté que es imprescindible y no se puede esquivar. Y claro, si después nuestra traducción pasará por un editor, parece innecesario… pero ¿no es mejor que los errores los corrijamos nosotros antes que ellos?

¿Mi receta? Siempre trato de dejarme unos minutos antes de la entrega para poder revisar. Con 10 ó 15 minutos basta. Los tres o cuatro primeros son para relajarme: ya terminé el trabajo, ya no busco más palabras, ya no pienso en encontrar la frase exacta, terminé de traducir. Me doy una vuelta por la cocina para tomar un vaso de jugo, o comer una manzana, o salgo al balcón a tomar aire. Y vuelvo a encarar el paso final.

Pasar el corrector (en trabajos en Word, que son los más frecuentes) es necesario y útil. Pero hay que recordar que tampoco es mágico: el corrector no sabe decidir cuándo “aún”, o “sí”, o “éste” llevan acento, ni cuándo hablamos de “casa” o de “caza”, y no podría corregirnos el uso de un pronombre femenino para referirnos a un hombre o algo así. Hay que releer el texto, no queda otra. Sentarse y leerlo con atención y detalle. La pequeña pausa entre traducir y revisar ayuda a “distanciarse” un poco, para que nos parezca un poco más “nuevo”. Porque de tanto estar encima del mismo escrito, la vista nos termina engañando y creemos ver culaquier palbra como si estuviera correctamente escrita…

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La magia de Trados para “arreglar el documento”

Lunes, 29 de Septiembre de 2008

La magia de Trados para arreglar el documento broken tag better
Cualquiera que use Trados va a experimentar alguna vez el que se le “rompa” algún segmento. Sucede, y no hay forma de escaparse de eso. Lo digo por experiencia, y por eso sé que puede ser una experiencia extremadamente frustrante.

Si se está traduciendo un archivo Word y aún no se ha intentado cerrar el segmento ni se ha hecho otra operación de Trados, se puede deshacer la última acción (Ctrl + Z) y con suerte todo se arreglará. Sin embargo, si han tratado de usar Trados, lo mejor posiblemente sea recurrir al comando “Arreglar documento”. Esta es la anteúltima opción en el menú de Trados (Alt + Ctrl + U) y por lo general resolverá pequeños errores y segmentos “rotos”: encuentra el segmento dañado, lo repara y vuelve a posicionarse al principio del documento. Desafortunadamente, no siempre es tan “mágico”. Si no funciona, se puede tratar de copiar el origen (Alt + Insertar) y retraducir, o tratar de copiar un buen segmento y pegarlo sobre el que está dañado.

“Arreglar documento” no debería considerarse como un mecanismo de seguridad para reparar los segmentos sino más bien como un primer intento que algunas veces ahorrará un dolor de cabeza. En mi experiencia, funciona el 70% del tiempo. Así que ténganlo en cuenta, vigilen sus segmentos y ¡buena suerte!

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Derechos del traductor

Martes, 23 de Septiembre de 2008

ISBN

Entre otras cosas que nos preocupan a quienes desempeñamos esta tarea, está el tema de los derechos de nuestro trabajo publicado, especialmente el de que aparezca nuestro nombre en la obra.

En el caso de la traducción de un trabajo de investigación científica a publicarse en una revista especializada, convencionalmente se agradecen los servicios del traductor en la sección de “Agradecimientos” (Acknowledgements). En un libro impreso por una editorial, el traductor tiene los mismos derechos que el autor, ya que es creador de una obra original. Entre esos derechos está el de que figure su nombre en la obra.

La Carta de Derechos del Traductor de la Federación Internacional de Traductores (http://www.fit-ift.org/en/charter.php#rights), propuesta como “principios guía” para el ejercicio de la profesión, en su Sección II establece los derechos del traductor (arts. 13 a 19 incl.). El primer artículo dice que “todo traductor goza de los derechos con respecto a su traducción que el país en el cual ejerce su actividad le otorga a otros trabajadores intelectuales.” (Este es un detalle importante: todo depende de las leyes de cada país.) Pero esta institución -entre otras- reconoce que el traductor posee el derecho de autor (“copyright”) de su obra, y los mismos privilegios que el autor del trabajo original, incluyendo el derecho moral al reconocimiento de la autoría de la traducción, a oponerse legalmente a la distorsión, mutilación o cualquier modificación de su obra, a prohibir su uso inapropiado y a autorizar cualquier otro uso (publicación, transmisión, adaptación, etc.).

En la mayoría de los países existe el “número estándar internacional de libro”, o código ISBN: un identificador único comercial que asigna la agencia nacional de ISBN a las editoriales. No suele ser obligatorio que una editorial asigne un ISBN a cada libro, ni que cada libro tenga un número identificatorio, pero -afortunadamente para nosotros- la mayoría de las librerías sólo manejan mercadería con esta identificación. El propósito del ISBN es establecer e identificar un título de una editorial específica y es exclusivo de esa edición, de su(s) autor(es) y de su traductor.

El autor y el usuario de una obra tienen derecho a exigir y esperar calidad de la traducción. Proteger los derechos del traductor es una forma de proteger esos derechos de autores y lectores.

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Preparados para una traducción urgente

Viernes, 19 de Septiembre de 2008

Tal vez los directores se olvidaron de que el manual tenía que estar en español además de en inglés. O no aparece parte de la presentación en PowerPoint y se necesita para la reunión de mañana, traducida. Sea cual fuere el caso, si usted es el cliente, necesita saberlo. Y si es el traductor, tiene que hacerlo ya. Aquí hay algunos consejos para que ambas partes (cliente y traductor) puedan hacer lo más llevadera posible una situación reconocida por su capacidad de generar crisis nerviosas.

Cliente: asegúrese de que el traductor o la empresa de traducciones tienen la información que necesitan, además de todo lo que pueda brindarles (glosario, memoria de traducción, guía de estilo, etc.), a fin de que no haya retrasos una vez que las cosas se pongan en marcha. Responda a todas las preguntas que tengan los otros, y trate de hacerlo en forma exhaustiva. Y por sobre todo, recuerde que una traducción de calidad lleva tiempo y esfuerzo. Los milagros pueden ocurrir, pero las demandas imposibles no los consiguen.

Traductor: respire profundo. Reúna todo el material, asegúrese de tener bien claras las especificaciones exactas del proyecto, y luego póngase a trabajar. Un truco: tomarse varios descansos breves. Sé que parece imposible, pero oblíguese a hacerlo. Los encargos urgentes producen por lo general resultados de mala calidad, no por el apuro en sí, sino porque el profesional se pasa ocho horas consecutivas traduciendo y comete errores, se desconcentra, y la traducción misma se torna cada vez más literal. Así que tómese cinco minutos, dé un paseo o cómase una manzana. Lo que necesite para mantenerse alerta. Y por supuesto, siga la regla de oro: ¡vaya guardando el archivo desde el principio y con frecuencia!

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Lo más difícil de traducir

Martes, 16 de Septiembre de 2008

Si en algo estamos de acuerdo casi todos los traductores es de que dos de las cosas más difíciles de traducir, de y a cualquier idioma, son los chistes y los poemas. Los primeros, porque generalmente encierran juegos de palabras o vocablos con “doble sentido” que son prácticamente imposibles de transferir de un idioma a otro. Un ejemplo sería este “one-liner” (broma en una línea) en inglés:

“Did you hear about the guy whose whole left side was cut off? He’s all right now.”

Una posible traducción sería: “¿Te enteraste de ese chico al que le cortaron todo el lado izquierdo? Ahora está bien.” Esto sería correcto, entendible, pero sin gracia. En inglés, el efecto lo logra el juego de palabras que hace “right” como “bien” y a la vez como “derecho”. Quizás se pudiera crear algún juego de palabras con “derecho” en el sentido de “recto”, o incluso en el de las leyes… En fin, con cierto trabajo, un buen traductor podría lograr algún efecto gracioso. Pero nunca sería el mismo chiste.

La poesía encierra mayor dificultad todavía, ya que aunque careciera de rima en el original, o se decidiera no conservarla al traducir el poema, de todas maneras la composición involucra una métrica, una cadencia, un ritmo que difícilmente se pueda lograr al traducirlo. O se crearía un nuevo poema. Un poema es una combinación única de ciertas palabras -y no otras-, en una disposición única también. ¿Cómo pretender traducir eso? Pero, entonces, ¿todos deberíamos conocer la lengua de origen para poder leer un poema directamente en el original? ¿Cuántos idiomas deberíamos aprender? Imposible.

Cada idioma tiene su propios giros graciosos, sus propios dobles sentidos y juegos de palabras, y no es muy necesario traducir los chistes, ya que cada país o región tiene su propio estilo humorístico. Pero con la poesía creo que los traductores no tendremos opción: difícilmente podríamos conocer ejemplos de poesía rusa, clásicos griegos, sonetos latinos o haikus japoneses si algún traductor no se hubiera tomado alguna vez el trabajo de traducirlos. Y aunque el resultado no sea “perfecto”, creo que deberemos seguir intentándolo…

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La importancia de hacer editar y corregir su proyecto

Viernes, 12 de Septiembre de 2008

Alguien dijo alguna vez: “No existe la buena escritura. Sólo hay buena reescritura”. Créase o no, con la traducción ocurre algo similar. En las mejores condiciones, un proyecto será traducido, editado y luego revisado por tres diferentes profesionales calificados. La mayoría de las empresas acreditadas de traducción al español brindan estos servicios como parte de su proceso normal de traducción. Ahora bien, puede ocurrir que usted no tenga tiempo de dar a su documento el tratamiento completo, o que sienta que estaría desperdiciando dinero si pagara por algo más que una traducción limitada. Las cosas salen de la nada, por supuesto, pero recuerde que esa diferencia en el tiempo empleado y el dinero gastado se va a ver en la calidad de la traducción.

A muchos los sorprenderá, pero tener un buen traductor no siempre da como resultado una buena traducción. Un millón de cosas pueden salir mal: una palabra mal escrita acá, una frase faltante allá, etc. Son pequeños detalles que, si no se descubren, pueden estropear un artículo importante, o hacer que usted y su empresa parezcan descuidados, y posiblemente le arruinen una oportunidad de negocios.

A medida que el mundo se globaliza cada vez más, las realidades de la traducción están alcanzando lo establecido. La traducción automática no funciona. Ningún traductor es perfecto. Se necesita revisar, rever y corregir un proyecto antes de entregarlo. Por lo tanto, una cita final para enfatizar la importancia de editar y revisar: “Escribir sin revisar es el equivalente literario de bailar alegremente en la casa en ropa interior”. Patricia Fuller

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Jergas, modismos y otras cosas

Martes, 9 de Septiembre de 2008

George Bernard Shaw dijo hace como un siglo que Inglaterra y los Estados Unidos eran dos países separados por un mismo idioma. Las diferencias del español que se habla en España (y dentro de ella, en diferentes regiones), en México, en Cuba y en Argentina hacen que a veces nos parezca que no se habla en todos el mismo idioma.

Cuando debemos traducir del inglés al español, uno de los problemas que enfrentamos en forma habitual es saber a qué país o región está destinado el trabajo que tenemos entre manos, y luego adaptar nuestro textp al “sabor” de destino. También podría ocurrir que debamos verter al inglés un texto en español que incluye modismos caribeños, términos catalanes o lunfardo de Buenos Aires, y que no estemos seguros de su significado, o de que la palabra que conocemos se use así en el lugar de origen. En la mayoría de los casos, el traductor deberá consultar con algún hablante local (si tiene la suerte de conocer alguno), o en algún foro donde haya nativos de varios países, o apelar a recursos como por ejemplo éste que quería compartir ahora con los colegas: el sitio de  “Jergas de Habla Hispana”. Creo que es una herramienta útil para encontrar algunas de esas palabras “raras” que no están en los otros diccionarios y, aunque quienes armaron el sitio reconocen que no está completo, también invitan a colaborar para enriquecerlo. http://www.jergasdehablahispana.org/

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